El origen

A veces –casi siempre- es necesario regresar al origen para reconocer los por qué y para qué de lo que hacemos. A veces, sólo así, podemos definir hacia dónde nos dirigimos.

Mi camino en el mundo docente empezó inocentemente, quizás. Desde pequeña sentí interés por aprender otras lenguas. Es posible que tuviera habilidad para eso. Como algunos mexicanos, mi primera lengua extranjera fue el inglés, más por imposición que por gusto. Sobresalí en el aprendizaje de esa lengua y en cuanto pude mudé al francés con la esperanza de encontrar algo diferente a lo que sabía. Y, en efecto, lo encontré pero no para bien. Nunca pude sentirme capaz de hablar ni un poquito la lengua del amor. Es probable que eso no era para mí. No podría decir que fue responsabilidad de los profesores que me enseñaron esta lengua, aunque sí un poco. Decidí dejarlo sin saber lo que eso implicaría tiempo después.

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